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Published: 2006-08-13 06:04:07 +0000 UTC; Views: 281; Favourites: 1; Downloads: 6
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Capítulo 1La Orden de las Brujas
Estaban todos reunidos. La habitación levemente alumbrada a las luces de cientos de candiles que ardían al ritmo de la inescrutable noche. Todos estaban ahí, cada bando se había encargado de tener la representación adecuada, las decisiones que se tomaran esa noche influirían en las vidas de innumerables seres. Había una gran discordia en el lugar, cada uno luchaba por ser escuchado y no parecía que lo hiciesen de la mejor forma posible. Fue entonces cuando ella tomó cartas en el asunto…
Sinaí, la Gran Dama, como algunos solían llamarla, irrumpió en la habitación. Erguida, imparcial, poderosa… sin temor a nada y con un control total de la situación. Después de que hubiese abierto las enormes puertas con ese elegante estrépito propio de su temperamento efusivo el silencio se adueñó del lugar. Vestía totalmente de negro, como era propio de su cultura, sin contar que usaba un vestido largo y ajustado de finas costuras que reafirmaba su importante rango. Su figura era delgada, pero imponente, cada fragmento de su cuerpo era muestra de su interior, pero ninguno como sus ojos. Aquellos ojos grises que contrastaban perfectamente con su cabello color otoño eran realmente el espejo de su alma.
Sinaí levantó la mano y con su poderosa mirada escrutó el lugar. El salón enmudecido estaba expectante, aguardando la orden de la bruja. Después de haber comprobado que era el centro de atención, la Dama dirigió su vista al confín de la habitación, a una zona envuelta en oscuridad, de donde sólo sobresalían unas manos recostadas encima de la mesa, el dueño de las mismas de seguro estaba muy cómodo en su silla, puesto que la presencia de la bruja no le impresionó. “Ya estoy aquí”, dijo Sinaí con su voz suave y fina, pero aún así enérgica, sus ojos no podían ocultar la molestia que representaba aquella indiferencia. “Si, ya lo noté”, una voz profunda y firme emanó de las sombras. “Yo soy Sinaí, La Gran Dama de la Orden de las Brujas, he accedido a tu llamado y cumplido mi parte del trato, es tu turno de presentarte, vampiro”, dijo secamente y en tono severo, era obvio que no le agradaba del todo la situación. Este comentario estuvo seguido por una suave risa del vampiro al final de la mesa. “¿Qué es tan gracioso?”, inquirió la bruja con todo su cuerpo en alerta, no se fiaba de aquellos seres nocturnos. El vampiro acalló su sonrisa y de un modo irónico le dijo a Sinaí: “Es que nunca me imaginé que La Orden de las Brujas se confiara a niños. Dudo que una jovencita como tú pueda soportar lo que representa la eternidad sin inmortalidad”. “Me temo que esta es la realidad que te verás forzado a aceptar”, le respondió la Dama correspondiéndole en tono y sin perder la cordura “Quizás a mi me cueste trabajo adaptarme a una eternidad que caerá sobre mis hombros tajante por mi naturaleza mortal, pero, ¿soportarás tú una eternidad olvidada por el tiempo, atrapado en tus viejas maneras y con la dulce añoranza de sentirte vivo otra vez?”, esta respuesta decidida y valiente fue de total agrado al vampiro el que respondió pausadamente, como era su costumbre. “Parece que después de todo las apariencias realmente engañan. Eres merecedora de todos lo comentarios que escuché cuando planeaba esta reunión, por lo que Vincent, El Señor de La Cámara de los Vampiros, te saluda”, dijo mientras se levantaba de su silla y hacía una reverencia. Sinaí no se inmutaba por semejantes halagos, ella conocía bien a los vampiros y sabía que no se podía fiar de criaturas seductoras por naturaleza.
Ahora Vincent era totalmente visible. De pies a cabeza era un vampiro con todas las de la ley: mirada penetrante e inconfundible, belleza sobrenatural y un rostro marcado por la eternidad. Su cabello negro como el ébano caía lacio sobre sus hombros y de sus rojos labios se escapaba una irónica sonrisa, muestra del placer que representaba para él aquel enfrentamiento con una bruja tan poco usual. Ambos se miraron mutuamente por largo rato. Los otros presentes en el cuarto no decían una palabra, sabían que una silente batalla era llevada a cabo. Vincent se deleitaba atravesando los pensamientos de Sinaí mientras ella se mantenía firme, había pasado toda su vida entrenándose para encuentros como este. Así Vincent comprobó la estirpe de la persona que tenía en frente: la mayoría de los mortales no sobrevivían su mirada. A lo lejos el ulular de una lechuza le recordó al vampiro que era hora de romper el silencio: “Pues bien, no estamos aquí para mirarnos toda la noche, es necesario que entremos en materia, el asunto es complejo”. “Por primera vez estamos de acuerdo en algo y por el bien de ambos espero que no sea en lo único”, le contestó La Dama. Vincent asintió con una mirada y volvió a su asiento, así mismo hizo en el otro extremo de la mesa la joven bruja.
Entonces Sinaí preguntó en un tono irónico: “Y bien, ¿qué es lo que nuestros buenos amigos vampiros desean de mi y mis hermanas de la Orden?”, con esta frase consiguió sacar la carcajada de todos los que ahí se encontraban. Vincent no se quedó atrás y luego de haber disfrutado de la sarcástica broma dijo: “Este es nuestro problema” y acto seguido arrojó una carpeta de un extremo a otro de la mesa. Con un movimiento bastante ágil para sus humildes capacidades mortales Sinaí atrapó la rodante carpeta y raudamente leyó su contenido. En el interior de la carpeta también había una foto, en este caso era la de una joven que oscilaba entre los 17 y 23 años de edad. Era una mujer hermosa de cabellos oscuros y ojos de tono similar, la foto sólo enmarcaba el rostro de la misma. Sinaí pasó un largo rato leyendo los archivos, concentrada en cada mínimo detalle. De su cabello levemente recogido se escapaban unos mechones que de vez en cuando cubrían su frente.
Después de un largo silencio una de las brujas habló: “Y bien, Mi Dama, qué dice ese papel que pueda llevarnos a tener que tolerar la presencia de criaturas tan despreciables” Este comentario ofendió con cierta razón a la mayoría de los vampiros presentes, los que se miraron unos a los otros, y en especial a Vincent, esperando una respuesta para tomar represalia. Pero Vincent no era de la clase que traiciona. “Esto es más complejo de lo que imaginé”, pensó Sinaí mientras su rostro era nublado por la incertidumbre. “¿Ves?, puedes pensar lo que quieras de mi, pero no miento, ésa es una cualidad humana que detesto sobremanera”, le respondió Vincent, como siempre en un tono algo irónico, pero esta vez era diferente: el comentario estaba dirigido directamente a la mente de la bruja. Sinaí no se sobresaltó, ante todo tenía que mantener la calma. Además, ella ya había sido previamente advertida de lo trucos que ocultaban aquellos seres.
Nuevamente reinó la discordia en la sala. La curiosidad de las brujas era infinita. El hecho de ver tan consternada a su líder las preocupaba. Sin embargo, los vampiros se encontraban muy tranquilos. Ellos conocían de sobra a
Vincent y sabían que si en algo era bueno era en mantener el control de la situación. El creciente murmullo terminó por agobiar a La Dama y de un salto se levantó de su silla y dijo en tono severo. “Como ya saben soy humana y mi paciencia suele ser limitada, así que será mejor para todos que de una vez y por todas nos pongamos de acuerdo. Marina –díjole a la bruja que había hablado previamente-, respeto tu criterio, pero esta es una junta para llegar a un acuerdo determinado, lo que es totalmente imposible si cada uno de nosotros no ponemos de nuestra parte –y mientras decía esto miraba acusadoramente a Vincent-”, a Marina no le quedó otra opción que bajar la cabeza y reconocer su torpeza diplomática.
“Que bueno que al fin alguien hace uso de sus facultades de líder”, respondió uno de los vampiros. “Conrad, por favor, basta ya de ironías. Lo que necesitan aquí es una chica para que les ponga verdaderamente al día de los sucesos. Después de todo el papel no tiene voz”. Por una de las puertas laterales entró una mujer que parecía no tener nada que ver con aquella reunión. Todas las brujas estaban impresionadas y los vampiros asombrados, el único al que no parecía llamarle la atención era a Vincent. “Nadie te ha invitado, Aki, cuando yo doy una orden se cumple sin peros”, decía el vampiro ásperamente, aún mantenía su calma habitual, pero todos notaban que estaba bastante enojado. “Ten algo en cuenta, el jefe aquí soy yo y…”. “Por favor, Vince, yo ya estoy grandecita para tus regaños.” Aki no le dejó terminar la frase, sus brillantes ojos azules demostraban que ella no era la clase de vampiros que se atenía a escuchar las órdenes. Así que se acercó aún más a la mesa y sin demoras dijo: “Gran Dama Sinaí, esos papeles que lee no son nada comparados con la verdadera magnitud del problema. Nádev es lo que yo llamaría un dolor de cabeza crónico, incluso para inmortales”, dijo mientras le dirigía una picaresca mirada a Vincent. “Muy bien, ya estás aquí y no le veo sentido a que te marches si tienes información tan importante. Además, me ahorrarás la penosa tarea de tener que leer el documento a mis camaradas”, respondió Sinaí con toda serenidad al mismo tiempo que vigilaba los ojos de Vincent. El hecho de verlo perdiendo el control de sus subordinados la divertía sobremanera, de algún modo se sentía superior. “Una sensación muy reconfortante” pensaba Sinaí. “Preséntate entonces, vampiresa”.
Aki asintió con la cabeza y dijo: “Mi nombre es Aki Freeman, y, bueno… supongo que no tengo mucho que decir en mi presentación.” Del mismo modo que Sinaí podía parecer una bruja inusual, Aki no era definitivamente el prototipo ideal de vampiro. Tenía el pelo rubio y unos brillantes ojos azules. A diferencia de todos los presentes no vestía de negro, llevaba más bien colores claros. “Formidable criatura”, pensaba Sinaí muy impresionada por semejante vampiresa. De haberla conocido en otra ocasión de seguro hubiera hecho buenas migas con ella. “Muy bien, como les decía, lo que está escrito en esta carpeta son sólo datos elementales acerca del enemigo: Nádev”, continuó diciendo la joven vampiresa, cuyo cuerpo mortal no difería del de una adolescente, aunque como es lógico era imposible determinar la edad real.
“El nombre ya lo sé”, respondió algo apurada La Dama, lo que mis compañeras y yo queremos saber es qué tiene que ver el Proyecto Delta con nosotras” Cuando Sinaí pronunció aquellas palabras hubo un silencio absoluto en la habitación, precedido por un murmullo insoportable. Las brujas estaban todas muy confundidas. Todos parecían entender el problema menos ellas. “Puedo comprender que a los vampiros éste problema sea preocupante, pero las brujas no tenemos que ver con esto, ya hemos pagado los errores de muchos para estar metidas de nuevo en problemas similares. Aprovecho para recordar que se nos prometió beneficios. Lamento decir esto, pero, ¿no pretenderán que los ayudemos sólo por buena voluntad, o sí?, dijo Sinaí con una mirada calculadora que no había sido mostrada hasta el momento. “Creí que nunca me lo recordarías”, dijo Vincent con una de sus típicas sonrisas. “Oigan, todo eso está muy interesante, pero alguien por favor podría compartir la información con nosotras” inquirieron algunas brujas del grupo. Sinaí dirigió una mirada a Aki autorizándola a explicar la situación.
“Bueno, a lo largo de los años hemos tildado a los humanos de criaturas incompetentes que desconocían nuestra existencia y que serían incapaces de enfrentarnos. Esta idea está totalmente errada, ya que, aunque a lo largo de la eternidad han existido cazadores de vampiros, nunca han sido tomados muy en serio y tampoco contaban con los recursos suficientes”, Aki hizo una pausa para tomar aire y relajarse un poco. Despreocupadamente se quitó el largo sobretodo y lo colocó en una percha cerca de la puerta. “Un poco de aire, al fin. Parece que estas brujas se piensan que los vampiros no sentimos el calor”, con esta acción relajó un poco el tenso ambiente existente en la zona.
En la habitación se sentían las diferencias: las brujas se miraban unas a las otras sin entender el punto donde ella quería llegar y los vampiros sólo se miraban consternados, como si no quisieran recordar absolutamente nada de lo que se estaba contando. Mientras tanto Vincent y Sinaí se estudiaban mutuamente buscando una pequeña abertura por donde atacar. “Pero hace ya varios años comenzaron a darse muertes repentinas entre los vampiros. Muertes repentinas y misteriosas. Por tanto se envió un equipo de investigación y así fue como descubrimos que los humanos sabían más de lo que aparentaban y que de hecho llevaban cientos de años estudiándonos. El Proyecto Delta fue desde un inicio una patraña de los humanos para deshacerse de nosotros”, Aki suspiró profundamente y miró alrededor. Todos se quedaron en silencio. Lo que se planteaba era realmente escalofriante. Esta vez no había trucos, los vampiros estaban en riesgo.
Sinaí sonrió sutilmente sin ser notada mientras pensaba: “Con razón la prisa. Estás realmente preocupado, Vincent. ¿Acaso quieres mi ayuda para salvar tu patética Cámara que ya casi no se puede sostener por si misma? Tal ves no lo sepas, pero yo ya había notado el rápido descenso de la población vampírica”. Vincent no había dejado de mirar a la interesante bruja y por ende sabía todo lo que pasaba por su cabeza. Él no era un simple vampiro, él era un líder ancestral cuyas habilidades y aguzados sentidos estaban doblemente desarrollados. “Ya le he dado suficiente libertad a la presa, es hora de enseñarle quién manda” Se dijo a si mismo antes de contestarle telepáticamente: “Mi Dama, ¿crees que pasaría inadvertida tu deducción? Te recomiendo no subestimarme, para ser joven eres sabia e inteligente, estás llena de virtudes, pero debes saber que no importa cuan fuerte seas, yo siempre voy a escucharte.”. Sinaí se sobresaltó por unos segundos. Había experimentado anteriormente la telepatía del vampiro, pero nunca calculó semejante poder, después de todo nadie había podido atravesar sus pensamientos de tal manera. Incluso los más grandes hechiceros que había conocido la calificaban de una fuerza interior asombrosa. Vincent lo notó y no se quedó callado. “No temas, pequeña. Soy leal a mis aliados, es sólo que no soporto que un humano, y en especial una bruja, se pase de lista conmigo” Sinaí respiró profundamente y recuperó su calma, que era en esos momentos su única arma, luego le contestó moviendo sus labios. Ella sabía que para el vampiro leerlos sería muy simple: “Yo aún no he dicho que seré tu aliada”, cerró la frase con una leve sonrisa de triunfo. “Serás una gran bruja”, fue lo único que Vincent dijo para si. A la joven sólo se limitó a enseñarle su suave risa en respuesta.
“En conclusión”, continuó diciendo Aki. Había notado que ni el vampiro ni la bruja le prestaban mucha atención. “Vincent no pierde oportunidad para divertirse a costa de los tormentos humanos, nunca cambiará…”, pensaba despreocupadamente mientras se preparaba para continuar su historia. “El Proyecto Delta es sencillamente todo ese trabajo realizado por los humanos para enfrentarnos”, dijo mientras se ajustaba la escotada blusa y movía un poco los pies, después de todo andar siempre con botines de tacón no era tarea fácil.
“Muy interesante”, dijo una de las brujas más ancianas. “Si este proyecto fue para destruir a los vampiros, ¿por qué las brujas tenemos que interferir? Debemos recordar que, después de todo, hemos sido enemigos durante milenios y estar sentados bajo el mismo techo no cambiará nada” Las brujas estaban todas muy emocionadas con aquel comentario. La hablante no era nada más ni nada menos que Írame, una de las más antiguas y experimentadas, de cuyo rostro emanaba una aterrorizante carcajada propia de su gente y que los vampiros detestaban. Su rostro cubierto de arrugas y deforme por la edad centenaria seguro recordaría al de los cuentos con los que asustaran a los niños mortales.
“Puede ser”, continuó Aki sin perder su jovialidad. Esos comentarios no tenían efecto sobre ella, además, Vincent no se había inmutado, lo que significaba que había que mantener la postura sin importar qué. “Todo este tiempo los vampiros nos hemos mantenido al margen de las brujas, como fue el acuerdo hace ya varios siglos. Pero es ahora cuando no sólo peligramos nosotros, sino también ustedes. Camaradas, hay algo que no puede ser olvidado y es que todo el tiempo criticábamos a los humanos porque eran seres egoístas que destruían el medio en que vivían, así que por tanto debemos ser correspondientes con nuestros ideales y mantener el equilibrio”. “Ese es el punto”, interrumpió Vincent, que se había mantenido muy callado todo el tiempo. “Equilibrio, amigos míos. Sin humanos cómo pretenden que viviremos los vampiros o las brujas. Por esto tenemos que tomar cartas en el asunto y controlar nuestros impulsos. Debemos aprender a convivir como nuestros antepasados.
“Aún hay cosas que me confunden”, dijo la anciana bruja soltando otra estrepitosa carcajada. Su voz era rajante y desagradable. Los vampiros se sentían ofendidos con sólo oírla. Era ahora cuando Sinaí se relajaba y Vincent tenía que poner todo su ingenio a funcionar “El proyecto estaba destinado a destruirlos a ustedes. ¿Por qué estamos en peligro nosotras que somos invisibles a los humanos y que sabemos convivir con ellos?” “Tienes toda la razón al pensar que mis palabras no tienen sentido”, dijo Aki algo cabizbaja. “Pero muchas cosas han pasado desde entonces y ni el mundo ni los humanos son ahora los mismos. Por eso nos hemos visto forzados a tomar estas decisiones y a actuar de esta forma. Para que entiendan totalmente deberán escuchar la historia desde el inicio:”
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Comments: 4
Noryad [2006-08-19 03:49:25 +0000 UTC]
Ya lo había leído, pero no había tenido tiempo de comentaRecientemente vi tu capítulo dos y hasta ahora me está gustando cantidad. Sabes mantener esa atmósfora con la que empezaste y eso es lo que más me gusta. Espero que sigas así, y apúrate con el tercero que ya estoy impaciente.
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Hanako91 In reply to Noryad [2006-08-19 20:35:57 +0000 UTC]
OK, no te preocupes que el terecero va en camino. Estaba pensando entraducirlos, pero creo que no me siento con muchos animos.
Que bueno que te guste
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