HOME | DD

Hanako91 — Capitulo_2
Published: 2006-08-19 03:26:01 +0000 UTC; Views: 254; Favourites: 1; Downloads: 8
Redirect to original
Description Capítulo 2
Venatores Domus


“…Aquellos que utilizan la noche como escudo, resguardarse de nosotros deberán:
Vampiros, no son los únicos en abrazar la oscuridad…”
Venatores Domus

“Estas son las palabras que han guiado nuestras almas y nuestros cuerpos a lo largo de los oscuros siglos de sutil lucha”, decía un hombre ya mayor mientras caminaba por un extenso y lúgubre pasillo. Varios jóvenes le seguían expectantes, prestando total atención a sus palabras. “Así pues, deberán ser leales a sus votos y cumplir con dichas palabras”, continúo diciendo con su voz pausada y tranquila, irradiaba una gran seguridad dada quizás por la experiencia y un sentimiento de confianza que tranquilizaba a los nerviosos discípulos. Vestía totalmente de blanco y llevaba un rosario de igual color colgado en su cuello, en su cabeza ya no abundaba el cabello, muestra del paso de los implacables años.
“Maestro, ¿quién es el hombre del cuadro?”, preguntó una muchacha del grupo que lo seguía. Su mirada tierna le daba un tono de ingenuidad a su pregunta mientras señalaba a uno de los cuadros que decoraban las paredes del pasillo alumbrado con velas. El hombre respondió rápidamente, decantar dudas era su objetivo, aunque semejante pregunta le parecía infantil. “Deberías saberlo, jovencita. Ese es un rostro que tendrás que recordar si quieres mantenerte viva”, dijo con una sonrisa sádica mientras volvía sobre sus pasos para reparar por completo en el enigmático retrato.
De la pared sobresalían unos ojos tan oscuros como la noche misma y un cabello lacio y largo del mismo tono. “No seas tonta Helena, ese es sin duda alguna Vincent, El Señor de la Cámara de los Vampiros”, respondió ágilmente otro de los muchachos presentes. “Así es, joven. Él es más allá de cualquier casualidad el terrible y poderoso Vincent. Algo de lo que deben cuidarse…, pero no es el objetivo de nuestro recorrido. Ya aprenderán cuáles vampiros merecen tener sus retratos en nuestras salas y cuáles no”, dijo tranquilamente mientras hacía un ademán para indicarle al grupo que continuaran el avance solos.
Mientras tanto él se quedó contemplando el cuadro por unos segundos. Parecía tener vida. Los ojos estaban fijos en el objetivo o más bien, en la presa… Su mirada fulminante, aún congelada en la tela, se sentía caer fuertemente sobre el alma al mismo tiempo que helaba y de alguna extraña manera reconfortaba. “Tú eres mi obsesión y siempre lo serás…”, pensaba, y en su cara se reflejaba el odio y un diminuto destello de admiración. Su rostro estaba tenso y las únicas palabras que venían a su mente eran: “vampiro, algún día tendré el placer de quemar tu cuerpo con mis propias manos…” “Maestro”, una suave voz lo sacó de su concentración. Era de un timbre dulce y delicado, más bien infantil. “Que bueno escuchar tu voz nuevamente, Nádev, no te esperaba por acá”, respondió el hombre cambiando rápidamente su semblante. Su mirada ahora adquiría un tono paternal, la presencia de la niña le reconfortaba sobremanera.  “Estábamos todas muy impacientes, por eso vine a buscarlo”, respondió con esa ingenuidad propia de los niños a la que El Maestro contestó con una sonrisa. “Pues bien, creo que no las haré esperar más, ni a ti ni a tus hermanas”, dijo mientras la tomaba de las manos.  “¿A dónde vamos, Maestro?”, preguntó la pequeña algo confundida mientras caminaban por aquel interminable corredor. La luz de las velas exaltaba el aspecto lúgubre del lugar. Nádev miraba a ambos lados del pasillo, admirando los vampíricos cuadros que parecían tener vida propia de una manera extraña pero deliciosa.
La puerta que llevaba al salón principal ya casi se acercaba cuando Víctor, Maestro de maestros, Líder y Guardián de Venatores Domus le respondió: “No te preocupes, primero quisiera hablar contigo, para después poder concentrarnos en la ceremonia de iniciación. Después de todo, tiempo es lo que nos sobra: no podemos mover un dedo hasta que Alex termine los exámenes”. Nádev asintió dulcemente con la cabeza y sin más demoras Víctor abrió suavemente la puerta. La niña no pudo evitar quedarse extasiada con la belleza de aquel salón. Ya había estado ahí antes, pero sin embargo cada vez que observaba esas paredes sentía la misma sensación de pequeñez.
Aquel era el Salón Principal, la habitación más importante de Venatores Domus. Estaba justamente detrás de la Sala de Recepción y era exactamente la clase de lugar que uno nunca olvida. Las paredes y el techo estaban decorados con antológicas pinturas que describían las escenas más terribles de eterna lucha entre humanos y vampiros. Al frente de ellos estaba la puerta principal, que era la que llevaba a la Sala de Recepción, pero no era la única. Decenas de puertas yacían ahí, unas al lado de las otras, esparcidas en la habitación circular. Víctor miró la puerta principal, era su favorita, después de todo el trabajo en la madera era asombroso. Pero ese no era su objetivo. El Maestro guió a Nádev hacía una de las otras puertas y la llevó adentro.
Aunque la habitación tenía la instalación eléctrica Víctor prefería trabajar con las viejas maneras: a la luz del candil, como el mismo solía llamarlo. Nádev entró en aquel extraño despacho, que parecía más bien una milenaria biblioteca. Con sus jóvenes ojos escrutaba cada detalle del lugar. Sólo había estado en Venatores Domus unas pocas veces y jamás había soñado con ver la mansión en su totalidad y menos aún el despacho de su Maestro...
Al mismo tiempo que Nádev intentaba guardar cada mínimo detalle en su memoria, Víctor encendía poco a poco todos los candelabros. Luego, con un ademán tranquilo se sentó en su silla. Sus ojos se clavaron en Nádev y no hubo necesidad de dirigirle la orden a la niña, ella se sentó en el asiento frente a él sin preguntar más. En ese momento sólo hubo silencio, Nádev no temía, aunque no entendía el motivo de la venidera conversación se limitaba solamente a aplicar lo aprendido anteriormente: espera, mira y aprende. Fue entonces cuando Víctor hizo su primera pregunta. “Háblame, Nádev. ¿Qué representa Venatores Domus para ti?” El Venator apoyaba su mentón en sus manos y sus codos descansaban en la mesa, desde esta posición podía ver claramente la mirada de la niña. “Es mi meta”, respondió ágilmente Nádev sin siquiera pensarlo mucho. Estaba algo contrariada por semejante pregunta que a simple vista parecía sumamente obvia. “¿Por qué?”, inquirió nuevamente el Maestro esta vez mucho más lacónico. Era como si las palabras no tuviesen importancia para él, solamente le interesaban los ojos de Nádev.
La niña se mantenía firme, estaba conciente de que detrás de aquella aparentemente simple conversación se escondía un propósito mayor, así como sabía que no tenía respuesta para aquella pregunta. “Desde que tengo memoria todo lo que he aprendido ha sido con un objetivo: llegar a Venatores Domus y ser su miembro más importante, imprescindible, no sé. Todo lo que Arthur nos decía a mí y a mis hermanas era eso: ser invencibles por la gloria de Venatores Domus”, había dicho la verdad desde lo más profundo de su corazón. Nádev no sabía en realidad por qué añoraba con tanta pasión el día en que matase a su primer vampiro o el hecho de ser condecorada como la mejor de su equipo o sencillamente ser recordada por los vampiros como un terrible dolor de cabeza. Era extraño, pero ella no lo sabía, sólo lo sentía.
“Me parece una buena respuesta, contando que noté que no sabías qué decir”, dijo Víctor con una sonrisa, no tenía intenciones de presionar a la niña. “Sé que tienes muchas dudas y yo voy a ayudarte a conocer este mundo, por eso te he traído aquí. Para explicarte la necesidad de tu pasión, la necesidad de que realmente sepas por qué tienes que pensar de ese modo.” Nádev lo miró de reojo. “¿Qué hay de mis hermanas?”, preguntó. Después de todo, sus hermanas sentían la misma pasión y serían venatrixes de igual modo. ¿Por qué no estaban entonces escuchando la conversación? “Sólo tú eres merecedora de escuchar de mis labios nuestro pasado. Tú has llegado mucho más lejos de lo que tus hermanas jamás podrán. Ellas no son dignas de este momento”. Normalmente hubiera dicho unas cuantas cosas en defensa de sus hermanas, pero aquellas palabras la hacían sentir muy bien. No podía obviar el hecho: le confirmaban que todos sus sueños se estaban cumpliendo a la perfección.
“Ahora escucha atentamente”, dijo mientras abría un libro que había cogido de la esquina de la mesa. Era un libro bastante viejo y grande. Nádev no podía ver muy bien el título escrito en la portada del mismo, estaba muy deteriorado. Sin embrago pudo divisar a través del cuero rojo de la carátula las siguientes palabras: El Código Venator. Víctor buscó sus espejuelos en una de las gavetas y abrió el libro en las primeras páginas. Así comenzó a leer mientras las sombras iban y venían de la habitación a su antojo:
“Venatores Domus, ésos somos nosotros.
Cazadores. Vengadores. Salvadores…
La humanidad ha decidido rebelarse contra la maldad nocturna para abrirle paso a la diurna claridad.
Aquellos que utilizan la noche como escudo, resguardarse de nosotros deberán:
Vampiros, no son los únicos en abrazar la oscuridad…”
Éstas fueron las primeras palabras que Víctor leyese de su preciado libro. Pertenecían al prólogo del mismo y eran tan antiguas como la propia organización. Nada se sabía de su creador. Muchas fueron las estimaciones sobre tan misterioso ser, pero ninguna acertaba del todo. Lo único que Víctor daba por sentado era que sin duda alguna aquella legendaria persona era de seguro uno de los fundadores de Venatores Domus. Víctor hizo una pausa y tomó un poco de aire. Lentamente se quitó los espejuelos y le sonrió a la niña. Con su usual perspicacia pudo notar que a Nádev le había gustado la lectura. Los oscuros ojos de la pequeña estaban perdidos en sus pensamientos. Aquellas palabras eran suficientes para poner a trabajar su ágil imaginación.
“¿Qué te parece?”, preguntó Víctor con su suave sonrisa. Nádev volvió en si rápidamente. Estaba muy impresionada. No eran sólo las palabras, sino la cadenciosa voz que utilizaba su Maestro lo que hacía tan fascinante la lectura. “Muy interesante”, le dijo en respuesta. “Y bien, ¿cómo sigue?”, inquirió Nádev expectante. Víctor rió jovialmente. Con su mano derecha se quitó los espejuelos y le respondió. “Es un libro muy extenso, Nádev, no podemos leerlo ahora. Sólo quería que supieras de su existencia, puesto que algún día deberás leerlo completo.”
Víctor se levantó de su silla y se dirigió a uno de los varios estantes que poblaban las paredes del despacho. Nádev tenía un poco de calor y el pelo le molestaba en los hombros así que tomó una de los lapiceros que habían en el escritorio y hábilmente recogió su cabello con él. “¿Quién escribió ese libro, Maestro?, le preguntó después de haber terminado la operación. “Pues bien, este libro ha sido escrito a través de los siglos por cada uno de los líderes de Venatores Domus. Así cada cual aporta sus experiencias como líder y escribe sus consejos para las futuras generaciones. De ese modo se transmite la historia de nuestra Casa”, respondió Víctor mientras buscaba unos libros. Nádev solía ser muy paciente por lo que no le molestaba que Víctor se demorase todo lo que quisiera buscando esos libros, así que se entretenía observando la luz de las velas escurrirse en la oscuridad.
“Venatores Domus surgió aproximadamente hace 13 siglos”, dijo Víctor mientras seguía buscando los libros. No quería que Nádev se aburriera. “Eso es mucho tiempo”, dijo la niña impresionada. “Así es”, respondió Víctor. Con un pequeño esfuerzo logró sacar el libro que estaba buscando. Al igual que El Código era un libro grande que parecía muy antiguo. La carátula era de color negro en este caso. Víctor lo tomó en sus manos y lo hojeó suavemente, era un libro muy delicado. “Toma, Nádev.”, le dijo a la niña mientras le entregaba el libro. “Es una cronología de los líderes de Venatores Domus”, “¿Todos tus predecesores están ahí?”, preguntó Nádev muy interesada. “No todos exactamente. Hay algunos, los primeros, de los que no se conoce prácticamente nada. Verás algunos de los que sólo sabemos sus nombres, y otros que ni siquiera se mencionan”, Nádev asintió con la cabeza y tomó el libro en sus manos. Ver las páginas le resultaba un poco difícil. A diferencia de Víctor que toda su vida había trabajado bajo aquellas circunstancias, ella no estaba muy acostumbrada a ese estado de penumbra, por lo que de vez en cuando se le hacían borrosas las imágenes. Sin embargo pudo captar los mínimos detalles.
En las páginas estaban los retratos de los legendarios líderes con unas amplias descripciones. No pudo leerlas todas al detalle, sólo se concentró en los nombres y el tiempo que duraron con el mando. “Ellos son los grandes”, dijo Víctor muy pensativo. La luz de las velas iluminaban todo su rostro y Nádev podía ver perfectamente sus ojos: ojos perdidos en el pasado, o quizás en el futuro…  La niña no podía asegurar con certeza lo que pasaba por la mente del Maestro, sólo estaba convencida de algo: ya no hablaba para ella, sino para él mismo. “Ellos fueron los que guiaron a nuestros antepasados por un camino de gloriosas victorias. Cada vez que leo estas páginas puedo sentir el pánico de los vampiros cuando llegaba el amanecer y los venatores aprovechaban para cobrar venganza y hacer justicia”, después de un profundo suspiro dirigió su mirada a Nádev que se había quedado extasiada con aquellas palabras. “Es bueno saber que no soy la única en sentir tanta pasión Quizás no esté tan loca como mis hermanas suelen decir a veces”, pensaba la niña con una expresión de alivio en sus ojos.
“Pero del mismo modo que hay edades de oro, también las hay decadentes –continuó diciendo Víctor, pero esta vez ya estaba conciente de la presencia de la niña-. Hace ya muchos años que comenzamos nuestra Era de Decadencia”. “No diga eso, Maestro. Venatores Domus sigue siendo tan grandiosa como antes”, dijo Nádev enérgicamente. No podía creer lo que estaba escuchando. Aquellas palabras iban en contra de todos sus principios e ideales. Víctor bajó la cabeza y observó detenidamente la carátula de su Código. “Ojalá las cosas fuesen así como dices, pero la verdad es otra mucho más difícil de aceptar”, dijo mientras acariciaba el rojo cuero del libro y perdía la mirada nuevamente en sus pensamientos.
Nádev seguía de cerca todos sus movimientos. A través de sus sentidos más aguzados intentaba comprender el por qué de semejante cambio. Quizás la única explicación posible fuese la verdad. Aquella verdad que debía ser aceptada no importa cuán terrible fuese su existencia. “Esa suela ser nuestra peor debilidad: no podemos huir de la verdad”, pensaba Nádev y su rostro perdía la jovialidad propia de su edad y comenzaba a ganar matices de tristeza. “Hemos entrado en un mundo irreverente, en una era marcada por la intransigencia del alma. Ya no devoramos a nadie, Nádev, el mundo es el que nos devora”, dijo y en su rostro se dibujó una irónica sonrisa. Nádev no podía comprender el sentido de aquellas palabras. Estaba muy confundida. Era como si aquellos pensamientos hubiesen estado presentes todo el tiempo esperando el momento ideal para ver la luz.
“La racionalidad de este mundo nos está destruyendo poco a poco. Siglos atrás los venatores no éramos muchos, pero sí temidos y respetados. Aún si en el mundo mortal éramos considerados como locos ellos sabían mantener la distancia. Obtener reclutas era mucho más simple, todos les temían a los vampiros, aún si había algunos que se refugiaban en su escepticismo”, Víctor hablaba muy despacio. Era como si cada palabra lo estuviera matando lentamente. “¿Qué nos está pasando?”, pensaba en silencio y cabizbajo. Nádev lo miraba, estaba esperando el momento oportuno para hablar. Ella quería consolarlo, sin embargo no sabía cómo, después de todo comprendía que todo lo que escuchaba era cierto.
“Ahora las cosas no tienen nada que ver con el pasado. Para los hombres de estos días los vampiros son sencillamente seres irracionales que sólo existen en la imaginación mortal”, Víctor sonrió, después de todo era realmente una cruel ironía. “Reclutar discípulos es ahora un verdadero problema. Solamente esos adolescentes inconcientes que se creen dueños del mundo son los que todavía simpatizan con la idea de la existencia de los vampiros, y…”, Víctor hizo una pausa y le sonrió dulcemente a la niña. “Bueno, creo que no es el mejor momento para discutir ese asunto”, dijo El Maestro mientras tomaba el libro negro y lo colocaba cuidadosamente encima de su escritorio.
“Por casi 13 siglos los Venatores hemos estado peleando sutil y silenciosamente contra los vampiros”, dijo y al momento se levantó de su silla con esos pausados movimientos propios de él. “No podemos dejar que esta Era de Decadencia nos destruya, ¿no crees, Nádev?”. “Así es”, le respondió la niña recobrando su esperanza. “Es por eso que te necesito, Nádev. Es por eso que necesito que nunca dejes de sentir esa pasión. Es por eso que necesito que ames y respetes nuestro glorioso pasado. Tú vas a ayudarme a alzar nuestra Casa a la gloria que una vez saboreó”, ya de pie Víctor acarició los oscuros cabellos de la niña y sonrió dulcemente. Nádev asintió suavemente. Por primera vez sentía que era realmente útil, que tenía un propósito. “No te preocupes, Maestro, Venatores Domus llegará más lejos que nunca”, pensaba la niña muy orgullosa. “Busquemos a las otras”, dijo Víctor con su sonrisa en los labios. Estaba feliz de que Nádev estuviera al tanto de sus ideales y que le acompañase. Así que se levantó de su silla y tomó a la niña de la mano camino a la puerta.
Related content
Comments: 4

Noryad [2006-08-19 03:42:11 +0000 UTC]

Bueno, la suerte fue que leí el mprimer capítulo, porque con este me cogiste de sorpresa. Te puedo decir que me gusta cantidad (realmente todo lo que ncluya vampiros me gusta ) Debirías buscarle título, lamentablemente por ahora no tengo ninguna sufgerencia, si se te ocurre algo me avisas. Sigue, que vas bien

👍: 0 ⏩: 1

Hanako91 In reply to Noryad [2006-08-19 20:37:49 +0000 UTC]

Que bien!!!

Creia que lo que estaba haciendo era un total disparate, sin embargo al parecer no esta tan horible. Muchas gracias

Sobre el titulo... ummm... nada. digamos que mi musa se fue de vacaciones

👍: 0 ⏩: 1

Noryad In reply to Hanako91 [2006-08-23 02:06:27 +0000 UTC]

ok no te molestes

👍: 0 ⏩: 1

Hanako91 In reply to Noryad [2006-08-23 03:08:27 +0000 UTC]

^_^

👍: 0 ⏩: 0