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Hanako91 — Capitulo_3
Published: 2006-09-05 18:50:00 +0000 UTC; Views: 323; Favourites: 1; Downloads: 11
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Description Capítulo 3
Una Era Decadente

Las velas continuaban su danza espectral y desafiaban hábilmente a la oscuridad en que se sumía el pasillo, mientras que los vampíricos retratos de las paredes lentamente devoraban con sus miradas atrapadas en el lienzo al grupo de jóvenes que atravesaba el corredor. Víctor les había dicho que continuaran el avance solos, sin embargo cada vez los pasos se hacían menos y el temor se duplicaba. Mike miró a su reloj de muñeca: “Ya es medianoche. El tiempo se va volando”, pensaba el joven de cabellos castaños y ojos carmelitas. A su lado estaba Helena, su inseparable amiga. La conoció en aquel lugar mientras entrenaba para convertirse en venator. Su anterior vida lo había plagado de desconfianza, sin embargo Helena irradiaba una paz que era imposible ignorar. Normalmente se entretenía mirándola como si se tratara de un ángel, pero en estos momentos estaba muy preocupado. Nunca le habían contado todos los detalles y menos aún hablado de una última prueba. “Lo único que quiero es que me dejen vivir mi vida”, pensaba ensimismado.
“Mike, ¿crees que venir aquí fue una buena idea?”, inquirió Helena algo confundida. El joven volteó la cabeza a su derecha y sonrió dulcemente. “Bueno, es mi decisión estar aquí. Además, bien sabes que yo deserté del ejército y después de todo cualquier cosa es preferible a la corte marcial”, con aquellas palabras no sólo intentó calmar a su amiga, sino también a si mismo. “Shhhh. Oigan, ustedes. Cállense o nos van a meter en un problema”, dijo uno en un siseo casi imperceptible. “Estos neófitos de afuera. Los detesto. Se piensan que con saber un poco ya pueden ganarse un lugar entre nosotros. Al final sólo actúan como lo que son: ratas humanas que no puedan dar un paso sin temerle a la muerte”, pensaba aquel pálido joven que les había mandado a callar. “Ustedes son sólo pobres intentos de venator”, les reafirmó tajantemente a los dos. Mike lo miró de reojo: “No me agrada nada este tipo”. “Oye, no le hagas caso –le dijo amistosamente a Helena-. Él se piensa que es superior a nosotros por ser un venator desde el día en que nació. Estas cosas de castas familiares me parece una total estupidez. Como sea, en lo único que tienes que concentrarte, Helena, es en pasar esta última prueba para demostrarle cuán buenos somos. Además, ¿cuán difícil puede ser?”, Helena sonrió con sus dulces ojos verdes. Aquellas palabras borraron un poco aquel sentimiento de incertidumbre que la acosaba. Era cierto que ella había tomado su decisión, pero los jóvenes suelen tomar decisiones a la ligera y después de haber pasado seis meses en aquel triste lugar ya no estaba tan segura del odio que sintiese por su familia. Recogió sus rojos cabellos con un dulce ademán propio de su personalidad y continuó su camino. “Es un total idiota”, era lo único en que pensaba en ese momento, de todos modos Mike tenía razón: no podía dejarse provocar por tipos como aquel.
La puerta se acercaba. Inmensa, intimidante, inolvidable. Totalmente hecha de ébano y con detalles en bronce se alzaba a menos de cinco metros de los jóvenes. Mike la observó detenidamente y por unos segundos sintió como si el mundo se le viniera encima. Era extraño: “Solía creer que no le temía a nada, quién lo diría”, pensaba con una irónica sonrisa en su rostro. La visión de aquella estructura tuvo un efecto similar en Helena, quien no tardó en sujetar fuertemente la mano de su compañero. Mike correspondió el gesto y siguió avanzando. Ambos sabían algo: detrás de esa extraña puerta se escondía su destino, sólo tenían que estar listos para enfrentarlo sin importar qué. Ya no había vuelta atrás. Las decisiones habían sido tomadas, sólo quedaba actuar en consecuencia.
La puerta se abrió como por arte de magia y la luz de luna inundó el lugar. Las paredes y los rostros tomaron un color plateado que reconfortaba a Helena. La imperceptible brisa de la media noche correteaba entre los presentes y relajaba un poco el ambiente algo tenso del lugar. Algunos muchachos que iban a la cabecera estaban un poco confundidos por el movimiento de la puerta, pero no podían hacer otra cosa que no fuese avanzar. Ninguno de ellos había estado en aquella parte de la Mansión antes, aunque no era una sorpresa el encontrarse con que estuviesen en uno de los patios traseros de la misma. Mike recorrió con sus intrépidos ojos los alrededores. “Qué lástima que es de noche. Estoy seguro que los tonos de verde son hermosos en el día”, pensaba ya más relajado. Esa clase de lugar relaja a las personas.
“¡Cazadores!”, dijo Alex enérgicamente. Si no lo hacía aquellos neófitos nunca entrarían en calor. Los jóvenes alzaron la mirada. Enfrente de ellos se alzaba una esbelta figura vestida de negro. Aunque su silueta era prácticamente invisible en la densa noche su rostro era perfectamente claro bajo la suave luz de las antorchas. Los tonos de la iluminación contrastaban divinamente con su mirada segura e indescifrable. Alex era joven y de cabellos negros, los que llevaba cortos y peinados hacia atrás. A Helena le parecía atractivo, sin embargo Mike estaba algo desilusionado: aquel hombre era solamente unos pocos años mayor que él.
Entre los jóvenes había un silencio de muerte y en los alrededores sólo se escuchaba el sonido de algunas criaturas nocturnas, hasta que la penetrante voz de Alex rompió el hielo: “Bueno, espero que todos sepan por qué están aquí” Las cabezas se voltearon y los ojos se reflejaron en otros ojos. Helena miró a Mike y este comprendió que si no hablaba él no lo haría nadie. Además, sentía una fuerte necesidad de desafiar al misterioso líder. “El Maestro mencionó algo sobre una última prueba”, dijo el joven muy seguro de sus palabras. “Se les dijo bien. Ahora permítanme presentarme, mi nombre es Alex Clerk, Comandante de Venatores Domus. De ahora en adelante son mis órdenes o nada.” Alex calló por unos segundos y se dedicó a inspeccionar una por una las miradas de los presentes. “Cada vez son más jóvenes. Dentro de poco estaré comandando niños. Víctor, ¿qué demonios pretendes?”, pensaba y sus ojos sólo se helaban más.
“Y bien, cuándo empezamos. No tengo intenciones de pasar toda una eternidad aquí”. “Este Eric si que no se cansa. Primero nos molesta a Mike y a mí, y ahora también quiere sacar de quicios al comandante. Idiota”, pensaba Helena algo molesta.  Mike lo notó y gentilmente le tomó la mano. “¿Quién dijo que vivirás una eternidad?”, respondió secamente Alex sin prestarle atención a semejante pregunta. “Muy bien, esta será su última prueba”, continuó sin muchos preámbulos. Daba la impresión de que no estaba muy contento con el trabajo que se le había asignado. “Se dividirán. La selección es al azar y depende de ustedes”, dijo mientras acomodaba sus manos en los bolsillos de  su largo abrigo negro. Los jóvenes se miraban intrigados. “Pueden formar pares, tríos e incluso cuartetos, pero no más que eso”, continuó tranquilamente, imperturbable como de costumbre. “Si van solos o se unen será problema de ustedes y les daré una sugerencia: eviten las rivalidades y escojan un buen líder, quizás esto les salve la vida. A propósito, las órdenes del líder son inviolables. Ésta es una de las reglas que se verán obligados a respetar, aunque las insubordinaciones existen…”, concluyó con una sarcástica sonrisa en sus labios.
“Pues bien, como ya saben este es el momento en que demostrarán si merecen ser venatores o no”, mientras pronunciaba estas palabras miraba fijamente a Eric. El chico parecía muy seguro de si mismo. Por siglos los miembros de su familia habían servido a Venatores Domus y él estaba seguro de que no sería la excepción. Alex lo conocía desde hacía algún tiempo, no había hablado personalmente con él, sin embargo la fama de su familia era bien grande y su talento no menos notable. Aún así, Alex no toleraba la autosuficiencia en sus subordinados. “Otro de los tantos defectos mortales. Con razón los vampiros tienen que vernos como seres inferiores. Humanidad, ¿cuándo vas a hacer algo por ti?, sin prestarle mucha atención a estos pensamientos el Comandante continuó su explicación.
“El objetivo de los venatores es destruir a la raza vampírica y eso es exactamente lo que van a hacer ustedes. Pero les advierto: esfuércense al máximo y no importan cuán hábiles crean que son, jamás se confíen”, Helena no podía quitarle los ojos de encima y realmente no era la única. Mike por su parte empezaba a simpatizar con aquel hombre del que nunca esperó escuchar semejantes palabras. Un viento helado movió las hojas de los árboles circundantes. Los corazones se congelaron. El momento había llegado, no importaba cuan lejos pudo sentirse al principio, ahora les estaba tocando a la puerta. El momento en que tendrían que matar, el momento en se convertirían en cazadores, en venatores…
“Como sea, si no aprendieron esto en el entrenamiento no lo aprenderán nunca. Comiencen con el ala oeste de la ciudad, está repleta de ellos. Tienen 120 horas para encontrar uno y eliminarlo. Para esto deberán hacer investigaciones y dar con el lugar adecuado. Los métodos que utilicen no son mi problema, después de todo yo mido resultados”, no había terminado de pronunciar las palabras finales cuando Helena no pudo contenerse y preguntó: “¿Y cómo vas a conocer nuestros resultados? Estoy segura de que no te puedes dividir y estar junto a cada equipo en el momento en que finalicen la misión”, como siempre sus dulces ojos inquirían en una manera irresistiblemente delicada. Ni siquiera Alex podía luchar contra eso. “No se preocupe, señorita. Dentro de 120 horas los que verdaderamente se consideran venatores ya me habrán traído el cuerpo de un vampiro”, respondió con una suave sonrisa, sin dejar, como era de esperarse, de mirar fríamente al resto de los muchachos.
“Pues bien, está todo dicho, o casi todo”, continuó diciendo mientras se giraba hacia la gran puerta de acero que limitaba con la calle y con la nueva vida que se les avecinaba. Los muchachos se miraron los unos a los otros algo confundidos. No sabían si aliarse o trabajar solos. Alex les había dado la oportunidad de escoger por si mismos lo que creyesen conveniente y sin embargo se habían convertido en meros oyentes de las órdenes de sus superiores. El Comandante sabía eso, del mismo modo que sabía que ese sería el único día en el que serían dueños de si mismos. El las misiones venideras no les darían tiempo para pensar.
“Víctor los ha convertido en simples marionetas entrenadas para escuchar y obedecer. Hay tantas cosas que ya no tienen sentido”, pensaba Alex con un semblante preocupado. Aquellos eran los días en que su decepción por Venatores Domus era casi incontenible. Los jóvenes por su parte no se dieron a la tarea de agruparse, sencillamente cada cual tomó su camino sin pensar en los demás. “No sobrevivirán mucho si siguen con ese pensamiento”, pensaba Alex y en el fondo de su corazón se sentía inútil e incapaz. La mayoría de esos jóvenes no sobreviviría y él no podía hacer nada para evitarlo.
Mike se dio cuenta de lo difícil de la situación, pero él siempre intentaba mantenerse por encima de la misma. “Vamos, Helena. Tú y yo seremos un equipo, no hay tiempo que perder”, dijo mientras tomaba a Helena de las manos y caminaba rápidamente. Alex oyó las palabras del chico y sonrió sin que nadie lo notase. Sabía que al menos alguien iba a completar la misión. “Oye, Mike. ¿Me dejas ser parte de tu equipo?”, inquirió uno de los jóvenes que todavía permanecían en el patio. “De acuerdo, eres bienvenido, Peter. Necesitaremos manos extras”, le respondió Mike alegremente. Ambos ya se conocían y eran buenos amigos, de hecho Peter lo consideraba como un hermano mayor.
Por aquellas puertas salieron todos los discípulos, la mayoría estaba tan enfrascada en resolver su problema que ya ni recordaban el nombre de los que los rodeaban. Cuando Mike y sus camaradas salían desafortunadamente se rozaron con Eric Windgates. “¿En equipo? Así serán tan lentos que ni 999 horas les serían suficientes”, dijo con una cruel mirada. “No puedo creer que tengamos que soportar esto”, dijo Helena sumamente insultada. “Todavía tienes la opción de rendirte ante los vampiros” respondió Eric irónicamente. “Hagan lo que quieran. Yo soy un venator, trabajo solo”, dijo y se fue adelante sin mirar atrás. Mike no tenía intenciones de opacar su optimismo por semejante incidente y le dijo a Helena: “Otro tonto acaba de ver la luz de la Luna”. Peter disfrutó de aquel chiste con una fuerte carcajada. “Tienes razón, amigo. No vale la pena”, respondió Helena con una suave mirada. La palabra amigo causó un poco de desilusión en el muchacho, pero no era el momento de reclamar.
Una vez el patio vacío, Alex se quedo totalmente solo con sus pensamientos. Se sentó en un banco y disfrutó de la suave música de la noche. “Sobrevivan, muchachos, no importa cómo. Venatores Domus no es más que una asociación decadente. No hay gloria por la que pelear”, pensaba mientras observaba en silencio. “Tienes razón. Después de todo, siempre se supo, desde el propio nacimiento, que este momento llegaría” Alex se sobresaltó. Aquella era una voz conocida, era mi voz. La vieja amiga que volvía, como siempre, en el momento más oportuno.
“¿Tu voz?”, preguntó la bruja Marina que de un brinco se levantó del asiento. “¿Me quieres decir que tu estuviste ahí, que conocías a un Venator y que, como si esto no fuera poco, te hacías llamar su amiga?, continuó con una entonación de obvio insulto. Aki se mantuvo tranquila, sin decir palabra. Había escrutado la mirada de Vincent y sabía que no era el momento para actuar. “Relájate, Marina. ¿Ahora que habíamos eliminado ese ambiente tan incómodo que teníamos en esta sala vienes a arruinarlo todo?”, le respondió enérgicamente La Dama, quien sabía que debía, por encima de todo, mantener el orden de sus subordinadas. “Además, es ahora cuando la historia se pone interesante”, continuó suavizando el tono de voz. “Quiero ver cómo es que los vampiros meten las manos en el asunto, a lo mejor son ellos los que empezaron todo”, dijo con un ademán de superioridad que incomodó a Vincent sobremanera, sin embargo aquella era una batalla de cordura. ¿Quién llegaría más lejos? Eso era todo lo que les interesaba. Aki, mientras tanto, continuó su relato tranquilamente.
“¿Por qué lees mi mente?”, me preguntó pausadamente. Aquello no era algo que le gustase mucho. “No pude evitarlo”, respondí mientras me sentaba junto a él. Alex no se atrevía a mirarme a los ojos y de alguna extraña manera, yo tampoco. “¿Confirmaste mis sospechas?”, me preguntó mirando hacia el piso. Yo sabía que se sentía muy decepcionado. Decepcionado de todo cuanto conocía, incluso de si mismo. Esa clase de actitud son las que a veces no logro comprender de los humanos. “Sí. Justo como predijiste: las chicas son el Proyecto Delta”, le contesté pausadamente. “Siempre lo supe, pero Víctor intentaba ocultármelo. Odio cuando piensa que todavía puede controlarme”, mientras Alex pronunciaba aquellas palabras yo leía en su interior. Muchas cosas descubrí, pero lo que nunca voy a olvidar es ese horrible sentimiento que llaman odio. Sentí eso dentro de Alex y comprendí que los humanos son seres demasiado inestables como para llegar a entender algún día.
“Ya partieron…”, dije mientras pensaba en voz alta. Había estudiado el lugar de arriba a abajo con mis ojos y supe que mis nuevos enemigos ya estaban en las calles. “Sí, así es”, contestó Alex después de haber escuchado mis palabras que, aunque habían sido emitidas en un volumen muy bajo, habían sido muy bien percibidas por aquel humano. Algo a lo que ya me había acostumbrado. “Y bien, qué pronosticas”, dije en un tono jovial. Aquella sensación de melancolía me molestaba sobremanera. “Bueno, tu raza no va a tener estragos este año…”, me respondió amargamente. “No digas eso”, dije suavemente mientras ponía mi mano en su hombro. “Estoy segura de que tus chicos nos darán un poco de acción en estas noches tan aburridas”. “No lo creo. Para empezar son muy jóvenes e inexpertos, en estos seis meses no han aprendido nada que las calles no les hubiesen enseñado antes. Sólo dominan detalles elementales y ambos sabemos que tu gente no es de la que perdonan vidas humanas”, me contestó mirándome fijamente. Yo sólo pude asentir con mi cabeza, es imposible consolar a alguien que podría ser tu cena.
“Buen punto de vista”, dijo Conrad con una maliciosa risa en sus labios. Aquel comentario terminó con una carcajada colectiva por parte de los miembros de aquella reunión. Todos coincidían en el punto de que cazador y presa no podían ser amigos. “Basta de una vez y por todas”, dijo Sinaí  sumamente molesta. La risa debido a los sentimientos ajenos le parecía baja e inescrupulosa. “Deberían tener un poco más de respeto. Aki, todos te escuchamos”, dijo y dirigió una desafiante mirada al auditorio. “Continúa, por favor”. “Bien, supongo que la paciencia es una virtud”, dijo Aki respirando profundamente. Esta vez el cometario si le afectó. Estaban jugando con sus sentimientos y quizá eso era lo único que ella tomaba en serio.
“Vincent te espera”, dije intentando cambiar el tema de la conversación. Alex me miró como pocas veces lo hacía. No mencionó palabra alguna, sin embargo nos entendíamos perfectamente. Había incertidumbre en sus ojos, pero esa vez yo no podía hacer nada. Se paró muy despacio, como si intentara evitar aquel momento. “Y bien, ¿dónde se supone que nos encontremos?”, me preguntó cambiando su semblante. Quizás intentaba engañarme con aquella falsa sonrisa, pero en el fondo estoy convencida de que sólo se engañaba a sí mismo. “Sígueme”, fue lo único que me atreví a decir. En momentos como ese siento que soy el ser más torpe del mundo. Hay tantas cosas que podía hacer para consolarle, pero sin embargo, no podía pronunciar palabra.
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Comments: 4

Noryad [2006-09-06 01:15:04 +0000 UTC]

Vaya,bienvenido sea. Tendré que volver a leer los anteriores, porque ya ni me acuerdo... Pero bueno, que se le va a hacer.
En mi opinión no está nada mal. Sigue así que vas bien. y mueve el pudín, peque, que quiero ver el cuarto capítulo dentro de poco

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Hanako91 In reply to Noryad [2006-09-06 02:42:07 +0000 UTC]

, se que me demore un poco, pero no es facil y me toma mucho tiempo. Hare lo posible con el rpoximo capitulo, pero todavia falta bastante

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Noryad In reply to Hanako91 [2006-09-08 05:56:04 +0000 UTC]

De acuerdo, no te estoy presionando. Pero soy muy desesperado

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Hanako91 In reply to Noryad [2006-09-08 06:20:44 +0000 UTC]

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